ENCUENTRO CON BENEDICTO
Me preguntaba confusa:
¿los curas no tienen polla?
Y con esta enorme duda
entré a una iglesia de Roma.
Al fondo vi a un individuo
todo vestido de blanco
que acercándose me dijo:
soy Benedicto, el germano.
Me sonaba familiar,
y aunque me daba vergüenza
compartí con el chaval
esta duda tan inmensa.
Así, subiéndose el hábito
a la altura del ombligo
me enseñó con gesto plácido
un instrumento divino.
Era una flauta magnífica
de carne rica y hermosa
que arrodillándome tímida
quise tocar con mi boca.
¡Ay, Señor, cómo sonaba
esa flauta celestial
que dejaba en mi garganta
el gusto de un buen manjar!
Levantando mi faldita
di mi espalda al hombre bueno,
que me introdujo su encíclica
hasta el fondo de mi templo.
¡Fue como un canto bendito
que llegara de la gloria
sentir en mi jardincillo
todo el poder de su polla!
Jessy Subeca